Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Martes, noviembre 21 de 2017
 

Medios

Camisas negras

Leopoldo Villar Borda

Miércoles 13 de septiembre de 2017

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Reaparece la prenda que identifica al racismo y al extremismo de derecha.

Si en Colombia alguien menciona las camisas negras, posiblemente la expresión solo evocaría la canción que Juanes hizo famosa. Pocos recordarán el significado ominoso que tuvieron las prendas de ese color en la Italia de Mussolini, cuando fueron el uniforme de las temidas milicias fascistas. Por esto, tal vez no muchos advirtieron su reaparición en las calles de Estados Unidos, durante los incidentes mortales ocurridos hace poco en Charlottesville.
Este chocante detalle no pasó desapercibido para Jack Rosenthal, un refugiado rumano que se asiló en territorio estadounidense tras perder a siete familiares en el campo de concentración de Auschwitz y sufrir él mismo los horrores nazis en el de Buchenwald, de donde fue liberado por las fuerzas aliadas en 1945. A sus 88 años, Rosenthal revivió la pesadilla al ver en un diario de Nueva York, donde tiene su residencia, la fotografía de los supremacistas blancos que protestaban frente a la corte de Charlottesville a donde fue llevado James Alex Fields jr., el hombre que atropelló con su vehículo a quienes manifestaban contra el racismo, mató a una mujer e hirió a otras 19 personas.

Según lo relató en una entrevista a ‘The Huffington Post’, lo primero que vio Rosenthal fue la camisa negra que llevaba uno de los líderes supremacistas, Matthew Heimbach. La camisa tenía impresa la figura de Corneliu Zelea Codreanu, un jefe fascista rumano vinculado al Partido Nazi alemán. Rosenthal no podía olvidar su rostro porque Codreanu dirigió una de las peores persecuciones contra los judíos en Rumania.

Detrás de este incidente, aparentemente aislado, se oculta una realidad que debe alarmar a los espíritus liberales y democráticos en todo el mundo. No es casual que el racismo renazca en Estados Unidos cuando en la Casa Blanca se halla un hombre que se niega a condenarlo y alienta las expresiones oscurantistas del Ku Klux Klan y los brotes de violencia, como el de Charlottesville.

Las camisas negras también tienen su historia en Colombia. Hace tres cuartos de siglo, cuando el totalitarismo triunfaba en Europa, unos jóvenes conservadores, entre quienes sobresalía Gilberto Alzate Avendaño –admirador de Mussolini y hasta parecido físicamente a él–, emergieron en la política nacional a la cabeza de un movimiento que libró una lucha implacable contra la República Liberal. Sus seguidores desfilaron, vistiendo aquellas simbólicas prendas, por las calles de varias ciudades.

Más recientemente, en julio del año pasado, el senador Álvaro Uribe convocó a sus partidarios a salir a las calles con camisas y banderas negras para protestar por la decisión de la Corte Constitucional de permitir el plebiscito por la paz. Y ahora mismo, en el país opera en forma subrepticia –pues tiene presencia en internet, pero no se lo ha visto en las calles– el Partido Camisas Negras, admirador de Hitler y enemigo del capitalismo, el comunismo y el sionismo. Racismo y extremismo de derecha se dan así la mano en el uso de aquella prenda.

En Colombia, el racismo no llegó a los extremos de Estados Unidos, aunque nadie ignora que indios, negros y mulatos fueron discriminados aquí por largo tiempo. En cambio, la confrontación política, muchas veces violenta, ha sido una constante en nuestra historia. No solo parecemos condenados a cien años de soledad, sino a doscientos de guerra. Hoy, cuando se está poniendo punto final a nuestra más larga conflagración interna, la oposición a la paz ya está sembrando las semillas de otro conflicto. Ojalá en el primer asalto de esta contienda, el de las elecciones de 2018, no reaparezcan las camisas negras.

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/leopoldo-villar-borda/camisas-negras-del-racismo-128968

 
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