Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Miércoles, agosto 23 de 2017
 

DeVer 352 Tribunal Permanente de los Pueblos

entre la boidiversidad, la destrucción y las resistencias

Jiguamiandó, Curvaradó y Cacarica. Septima entrega

Sábado 17 de marzo de 2007, por Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

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Por primera vez en la historia de las audiencias del Tribunal Permanente de los Pueblos, tuvo lugar en una comunidad afrodescendiente del Cacarica, zona humanitaria de Nueva Esperanza en Dios, la 32 sesión sobre biodiversidad. 300 personas provenientes de la peregrinación por el Jiguamiandó y el Curvaradó, del Cacarica y de la ciudad de Medellín, después de participar en la preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) sobre fumigaciones, se unieron 24 de de febrero en el Cacarica.

Jueces de alto peso moral, provenientes de Argentina, Uruguay, Brasil, el Chad Africa, Chile y Colombia; junto con miembros de la Comisión Ética de México, Brasil, Argentina, España y Chile; así como varias decenas de ciudadanos solidarios de varios países de Europa, Norteamérica y Latinoamérica, junto con miembros de organizaciones campesinas y del movimiento social de Colombia, compartieron una larga jornada por las aguas del Golfo de Urabá y del río Atrato, para llegar finalmente a las Zonas Humanitarias del Cacarica.

Ni el sol, ni la dura jornada de viaje, pudieron menoscabar los ánimos de tanta gente interesada en participar en este evento de especial significación, para todas las comunidades del Bajo Atrato chocoano, que a diez años de la llegada de la violencia paramilitar en la región, auspiciada por los intereses empresariales que hoy se ven ya florecer en los territorios colectivos de las comunidades negras e indígenas, venían dispuestos a celebrar, con los actos de memoria en recuerdo de las víctimas de aquel oscuro mes de febrero de 1997.

Hasta la naturaleza se hizo solidaria ese día, como queriendo aportar su grano de arena en la celebración de estos actos. Un sol que se escondiò tras las nubes, hizo la jornada menos pesada. El camino arreglado por la comunidad, conviertiò el ingreso en un paseo por este incomparable entorno de biodiversidad en el Darién colombiano. Las maletas más pesadas de los viajeros, fueron transportadas por 9 bestias mulares dispuestas por las comunidades para agilizar las cargas en el camino.

Al llegar a la comunidad de El Limón, la presencia de los militares sorprendió a los peregrinos y a los participantes del Tribunal Permanente de los Pueblos. El verde de la biodiversidad amenazado por el verde olivo de los militares asentados en esta comunidad desde mayo del 2003. Militares ociosos bañándose en el río, oyendo música a todo volumen, tranquilamente descansando en cambuches, en hamacas. Los 130, peregrinos pasaron por delante de sus bases al lado del río y de la comunidad de El Limón, y se preguntaron, por el papel de los militares en el lugar. ¿Con quién están combatiendo?, ¿qué sentido tiene su presencia? Dentro de la comunidad de El Limón y en varias bases sucesivas por la margen del río, hasta cerca de la Zona Humanitaria de Nueva Esperanza en Dios ofrecen la misma imagen. No son pocos. ¿A qué obedece esta presencia masiva?

Finalmente la llegada a la Zona Humanitaria. La acogida, el calor de la gente, la ubicación de tanto visitante, todo ordenado para el tribunal. Los miembros de CAVIDA, conscientes de la importancia de tanta presencia de gente amiga y solidaria, no escatimaron jornadas de trabajo para convertir su Zona Humanitaria en un lugar donde todos se pudieran sentir como en casa.

La noche cae, la gente comparte experiencias de todo tipo, entre pueblos diversos provenientes de todos los confines del planeta.

El 25 de febrero, el evento transcurre ágil, dinámico. La agenda se desarrolla. Una vez más, quedan al desnudo las prácticas destructoras de vida, por parte de todo tipo de empresas en todo el país, las madereras deforestando, las agro exportadoras arrancando toda posibilidad de vida beneficiandose con las fumigaciones y los cultivos transgénicos. Todo al servicio del negocio, de la dinámica del mercado global. Todas ellas desplazando, asesinando, desapareciendo con tal de poseer las tierras.

El valor de los testigos, su claridad, las lágrimas que interrumpían la palabra, los rostros de los pueblos originarios, afrodescendientes y mestizos que constituían un grupo importante del auditorio participante, llenaron de profundo sentido al Tribunal Permanente de los Pueblos.

Un dictamen emotivo, reseñado por los jueces, recoge toda esta vida y resistencia a la muerte, levanta los aplausos de los presentes. Y tras las palabras frías de un dictamen escrito, las palabras más afectuosas de la solidaridad desde los jueces.

De nuevo lo visto, lo escuchado, lo vivido en estos días, de peregrinación y participación del tribunal, hace olvidar a todo el mundo la dureza de la jornada de regreso por las aguas del Atrato y del Golfo de Urabá. Al llegar, cada quién a sus lugares de origen, la gente no vuelve igual. Vuelve cambiada, muchos lo manifestaron.

Para los habitantes de la región, comunidades negras de Cacarica, Curvaradó, Jiguamiandó, Arquía, Urrao; indígenas de Perancho, de Peranchito, de Join Poboor, de los resguardos de Acandí, Murindó, campesinos mestizos de la Balsita en Dabeiba, es un reconocimiento a su lucha y tenacidad. “Para nosotros, que unos jueces de otros países lleguen y digan lo que han dicho, nos da mucha fuerza, nos dice que tenemos la razón, que decimos la verdad”. Y la verdad, libera.

Bogotá D.C 17 de marzo de 2007
Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

 
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