Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Jueves, septiembre 21 de 2017
 

DeVer 450

Expedición Ecológica por la Cuenca del Río Mazamorras y el Cerro Negro

Municipio de Sucre-Departamento del Cauca

Miércoles 10 de septiembre de 2008, por Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

2 | |

"UNE TUS HUELLAS A NUESTRA CAMINATA POR LA DEFENSA DE LA VIDA Y EL TERRITORIO"

El deterioro ambiental que padece la cuenca del río Mazamorras hasta el Cerro Negro, en el municipio de Sucre, en el departamento de Cauca, el evidente riesgo de la posibilidad del incremento de esa situación coloca en riesgo la sobrevivencia de flora, fauna, suelos, agua y las diferentes formas de interacción con los ecosistemas fue la razón de la primera Expedición Ecológica.

BMP - 263.1 KB

Por esta razón, desde diversos lugares de Colombia llegaron al Cauca, el pasado 28 de agosto cerca de 50 personas de comunidades del sur, del norte, de occidente, de oriente de Colombia. Sin distinción de región, vinimos y nos encontramos, de diferentes culturas, de diferentes regiones del país y participamos caminando, recorriendo, observando partes de la gran riqueza ecológica del territorio del macizo colombiano. Desde lo concreto, desde lo pequeño, desde lo in-visibilizado, desde la sencillez y dignidad de los pobladores de una región a quienes les inquieta los inmensos riesgos que corren los recursos biodiversos, en particular los hídricos, posibilidad de sobrevivencia de la humanidad.

De diferentes procesos organizativos los Caminantes de: las comunidades del Consejo comunitario del Río Naya; Comunidad civil de vida y paz-Civipaz-Meta; Procesos campesinos de la Sonora y la Betulia-Trujillo-Valle; Grupo cultural "Somos Tierra"; Comunidad indígena de Ullucos-Toribío; Familiares de Victimas de San Antonio-Inzá; Comité juvenil "Semillas del Saber" San Antonio-Inzá, Estudiantes de bachillerato de Popayán; Familias desplazadas de Argelia-Cauca; Fundación cultural La Tuátara

Así se respondió a la convocatoria de las asociaciones campesinas de Sucre, "Los Bienandantes", "Asotequendama", "Mujeres Unidas" y la Comisión de Justicia y Paz.

Desde Popayán hacia la cabecera municipal de Sucre se accede a través de la carretera panamericana que merodea lo que se conoce como el Macizo colombiano, denominado así, por ser una de las cadenas montañosas y estrella fluvial mas importante de Colombia. A lado y lado de la carretera se observó una significativa militarización como componente de la política de seguridad democrática, puestos de control y retenes de policía y ejército, trincheras en todos los espacios de la población. Evidente en poblados como Timbío, Rosas, Párraga, Piedra sentada, El Bordo y Sucre, que reflejan la existencia de un conflicto armado y el desconocimiento entre lo civil y lo militar.

El canto, la danza, la poesía apaciguaron el llanto del cielo que acompaño la llegada a Sucre. En la mitología sucreña se dice "el cerro negro se cierra, se nubla y hace llover intensamente, que se enoja cuando gente extraña intenta visitarlo, que muchos desisten de esa idea y mejor se regresan". Pero esta vez, la lluvia era la alegría y esperanza. Llanto de fertilidad, sentido del porvenir y de protección, el ingreso a un mundo por encontrarse, un mundo que ya ha sido afectado por las actuaciones ilógicas que ven riqueza donde hay belleza.

A muy tempranas horas se inicio el recorrido, el viernes 29 dejando atrás la cinta asfáltica que viene desde la carretera panamericana poco a poco el camino de herradura que conduce a la fuente del río Mazamorras se fue haciendo de saludos, de andantes con sus cargas, de productos para ofrecer, avanzando en la zona cálida los ojos se obnubilaron ante diversos tipos de vegetación, de fauna, de suelos, de aguas. El diálogo entre la sabiduría tradicional y el conocimiento técnico que se encontraba en diversos puntos como la caracterización y clasificación de las formaciones vegetales, la discusión entre formas de manejo de las siembras, las denominaciones tradicionales de los cuerpos de agua, y las denominaciones técnicas de los mismos.

Se fue transitando del calor a sensaciones de frescura. Pasamos de tonalidades verdes a grises, de gotas de lluvias que cayeron sin cesar, protegiendo en la cordillera central al Cerro Negro, donde nace el río Mazamorras. Un joven Nasa del cabildo indígena de San Francisco, Toribio, invitó al ritual de saludo, de permiso para acceder a las quebradas que conforman la cuenca del Río Mazamorras, los espacios sagrados en que el hombre se encuentra con lo más profundo de su origen. En su lengua nativa y luego en español, se agradeció a la madre tierra, a la madre naturaleza por proporcionarnos agua, aire, plantas, alimentos, medicinas, animales… Vida. Se pidió el permiso de poder avanzar hacia el Cerro a reconocer el nacimiento del Río Mazamorras, se evocó a los espíritus de la naturaleza, porque el único propósito era unir cuerpos, almas, sentimientos con el nacimiento. En la caminata las historias eran narradas por el trinar de las aves, los cuerpos de agua, los múltiples verdes de verdes que se fueron destapando en variadas formas, por el saludo de extrañeza de animales silvestres, arañas, insectos, cochinillas, mariposas, que hacen parte del ecosistema.

Poco a poco la niebla se fue ocultando dejando al descubierto los misterios del cerro, era el signo que otorga su permiso para el encuentro. Un mundo abierto para la contemplación, un mundo abierto para otros ojos, distintos a los de la técnica industrial, a los del negocio, que convierte hasta el agua en mercancía.

Del piso térmico cálido se pasó al templado, otro aire, otras plantas, otra vegetación y varias quebradas de agua, muchas aves, árboles, arbustos que componen un entorno natural rico en vegetación y en fauna: nacederos, guaduales, sangregados, iraca, pringamosa, diente de león, en aves: golondrinas, colibríes, curillos, mirlas, arañas, cochinillas, variedad de mariposas, monos. Poco a poco lo imponente y lo misterioso del cerro se abría a la vista, llamaba y atraía. Entre el verde espeso de la vegetación continuamos registrando lo que observábamos, la palabra y el conocimiento del sabio de la localidad. Un anciano que recorrió y plasmó sus huellas junto a las demás, explicaba y enseñaba. Los sonidos de las aves sin verlas y de ellas hablaba. De los rastros de la guagua, el venado, el cusumbo. También decían las plantas a través del adulto mayor. Así se llegó, loma tras loma, inclinación tras inclinación a una vieja casa de bahareque que se encontraba abandonada, ahí se pernoctó en un intenso frío, mitigado por el encuentro, las palabras, los abrazos y el cansancio, al calor de la fogata de la hornilla donde se preparó el alimento..

El sábado 30 muy temprano en la mañana se inició el acercamiento dentro del misterio del Cerro Negro hasta el nacimiento de Río Mazamorras, punto de vida. Desde donde se descuelga todo el potencial natural que baña las montañas de esta porción del Macizo colombiano. Se inició el camino con un ritual de admiración y pidiendo permiso al Cerro, pasando tramos difíciles, altas pendientes, peñas, derrumbes entrelazando unas manos con otras se accedió al lugar de origen, a la epifanía de la vida, allí la alegría y la apelación por proteger esa Vida de la vida.

Los caminantes se fundieron con la vida, con la madre tierra, con un intenso frío, nos encontramos en la palabra, en la risa, en la tristeza, en la esperanza, en las múltiples utopías de la biodiversidad. Un ritual de la memoria y de los abrazos, nos llevó a constatar las ruinas generadas por la idea del progreso, la imagología del consumo que cada vez más acerca al estiércol. Un momento con el corazón en donde lloramos los que han perdido la vida por defender la vida en el territorio; un momento con el corazón presente para encontrar el sentido de vivir en la biodiversidad, en la posibilidad de la vida integral para todas las Vidas.

Partimos el domingo, con la nostalgia de dejar atrás lo que es fuente de vitalidad, belleza, con los retazos de una experiencia sublime, recogiendo las huellas recorridas, las de la propia historia de ayer y del hoy, que solo puede ser posible con la vida integral en este planeta.

Tres días dejando huellas, retomándolas, caminar en nuestra memoria, acercamiento a las raíces del presente y del futuro. Gracias al apoyo de la Región Fruili Venezia Giulia, Cooperativa Futura de San Vito al Tagliamento, Centro de Acogida Ernesto Balducci, Comunidad de Spilimbergo, Comunidad de Mortegliano, amigos y amigas de Italia

…a la madre tierra, la fuente de vida que hay en ella nos permitió reconocerla… poco a poco, misterio maravilloso.

Bogotá, D.C. Septiembre 7 de 2008

COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ

 
Dirección: Carrera 37A No 25B-42, Bogotá D.C. Colombia Telefax: (57-1) 2687179 / 2687161
 
Desarrollado por Atarraya